TERRITORIOS          Sábado 21.02.15  

LECTURAS       EL CORREO

Un rey obsesionado

 

Juan Antonio de Ybarra e Ybarra debuta como novelista con un libro sobre Pedro I, enemigo acérrimo del Fuero de Vizcaya.

 

GERARDO ELORRIAGA

El Fuero de Vizcaya no fue una gracia real, sino la ley con la que se dotó a sí misma una comunidad de hombres libres que rechazaba su incorporación a los reinos peninsulares surgidos en la Edad Media. La incomprensión provoca el rechazo que experimenta el infante don Pedro hacia esta peculiaridad y genera el deseo de doblegar la voluntad del territorio y anexionarlo a Castilla, pretensión que persistirá a lo largo de su futuro reinado. La tesis anterior y su evolución aportan uno de los ejes de la primera novela de Juan Antonio de Ybarra e Ybarra, aunque El vuelo de los halconeses mucho más que una narración en torno a la historiográficamente cuestionada independencia del Señorío. La obra nos cuenta la azarosa trayectoria de un monarca que reinó a mediados del siglo XIV y fue tachado de cruel, por unos, y justiciero, por otros. La historia comienza con su visita al señor de Quejana Fernán Pérez de Ayala, una figura antitética a lo largo de todo el relato, un soplo de razón y equidad en un mundo sin certezas. El primer episodio, que nos introduce a través de una cuidada ambientación en modos de vida, usos y costumbres de la época, culmina con la partida del heredero ante la grave enfermedad de su progenitor y la coronación tras el fallecimiento de Alfonso XI. El desarrollo posterior es la descripción de un período convulso marcado a fuego por la personalidad apasionada, exuberante, excesiva, de un individuo consumido por un ánimo vengativo al que supeditó su estrategia política y que devastaría su reino. Pedro el Cruel buscaba la revancha por el menoscabo sufrido a manos de Leonor de Guzmán, la amante de su padre, y sus hermanastros, entre los que se encuentra el futuro Enrique II de Trastámara. Como el ave de presa empeñada en una caza sin descanso, el rey desplegará su maquiavélica estrategia, basada en el engaño, el perdón que enmascara la peor condena, y una extraordinaria capacidad para mudar enemigos por aparentes aliados que pueden convertirse, súbitamente, en victimas de celadas. El rey, carente de misericordia, busca la muerte de todos aquellos que lo han humillado, incluso sueña con reunir a toda la parentela para ejecutarla simultáneamente. Su capacidad amatoria se halla a la par de este feroz espíritu y, en paralelo a su constante batallar, el monarca despliega una incesante búsqueda de amantes, contrae matrimonio con Blanca de Borbón, a la que mantendrá permanentemente recluida, y convertirá a María de Padilla en la mujer más querida y madre de sus hijos. Los cambios políticos, los excesos de violencia y la rapacidad sexual dentro de una lucha de fracciones familiares recuerdan el fresco de la Roma imperial descrito por Robert Graves en su famosa Yo, Claudio, o las prácticas mafiosas, basadas, siquiera en su origen, en terribles códigos feudales. El vuelo de los halcones también nos muestra a un pueblo sometido a los vaivenes de una clase dirigente, egoísta y veleidosa, que guerrea entre sí, saquea y sitia poblaciones infligiendo matanzas como la practicada en la judería toledana. La personalidad atormentada de Pedro I el Cruel adquiere matices shakesperianos en el dibujo de Ybarra al describir como alguien desgajado entre una conciencia que lo recriminaba por haber vertido tanta sangre inocente y la obsesión fratricida, que lo induce a recorrer Castilla en búsqueda incesante de castigo.

 


EL VUELO

DE LOS HALCONES

Autor: Juan Antonio de Ybarra

e Ybarra. Novela. Editorial: La

Esfera de los Libros. 759 págs.

Madrid, 2015. Precio: 26,90 €